El primer avión de mis niñas. Destino: Fuerteventura

Después de unos cuantos días sin escribir, os reconoceré que es que estábamos de vacaciones, y no, no me he llevado trabajo a la playa. Nos hemos ido a Fuerteventura a conocer al bebé que ha tenido una amiga mia: se llama Greta.

Os voy a contar un poco cómo ha sido todo, pues aunque lo hemos disfrutado mucho, la logística de viajar con las niñas en avión, no ha sido nada fácil.

Las maletas las fuimos preparando durante la semana anterior, y el día que salíamos lo hacíamos con 3 maletas (una de mi marido, otra de las 2 niñas y otra mia), mi bolso, 2 mochilas pequeñas (una con comida y otra con juguetes), la bolsa del bebé (con sus pañales, potitos, chaqueta para el avión…) y el carro, y todo eso sin facturar.

Primer contratiempo: ¿Cómo vamos al aeropuerto?. Pues tuvimos que llamar a mi madre y meter todo en su coche. ¡Las abuelas siempre lo salvan todo!. Nos acompañó al aeropuerto, y cuando llegamos, nos buscó un carro para llevar las maletas. Mientras nosotros buscábamos por donde entrar al control  de equipajes, ella se encargaba de la mayor, que la verdad es la que más nos preocupaba porque mi marido iba con el carro y las maletas y yo con el carro de la bebé y las mochilas, así que la mayor corría el riesgo de perderse.

Segundo contratiempo: el control de equipajes. Ese momento en el que tienes que dejar el carro de las maletas para poner todo en el escáner, sacando los líquidos por separado, cerrar el carro, que no se te escape la mayor, … Ese es un momento de mucho estrés. En nuestro caso nos ayudó que mi madre pudiera pasar con nosotros el control, lo que nos ayudó bastante, pero aún así, la chica de los líquidos me tuvo que sujetar a la pequeña para poder pasar y nada más pasar otra señora muy agradable que trabajaba allí nos trajo un carro para las maletas y otro carro de niños para la mayor, lo que hacía que ya tuviésemos más controlada a la mayor. Pero esto no hubiese sido posible sin la abuela, porque mi marido llevaba el carro de las maletas, yo iba con el carro de la bebé así que mi madre iba con el carro de la mayor. De otra forma, nos hubieran faltado manos.

Tercer contratiempo: subir al avión. Algo que parece tan sencillo cómo subir a un avión se complica cuando tienes que ir con todo el equipaje que llevábamos nosotros. Para poder cerrar el carro a la entrada del avión, los pasajeros me tuvieron que sujetar al bebé. Después, pasar por un pasillo con 3 maletas no es fácil, o eso me parecía mientras miraba cómo mi marido se iba chocando con todo. Menos mal que la mayor es muy buena, y se portó de maravilla. Iba agarrada a un bolsillo de mi pantalón vaquero y no se separó de mí hasta que llegamos a los asientos.

En cuanto al viaje en sí, se nos dio bastante bien, pues aunque contábamos con que las niñas se dormirían… no fue así. Pero se portaron fenomenal. La pequeña sí se durmió un rato, porque sobretodo en el despegue y en el aterrizaje, le dí el pecho para aliviar la presión de los oídos, y para evitar la deshidratación.

Cuarto contratiempo: Bajar del avión e ir a por el coche de alquiler. Este paso lo llevamos mejor de lo que nos parecía cuando vimos lo complicado que nos resultó subir al avión, pero como el aeropuerto de destino era pequeño, facilitó mucho las tareas. Enseguida conseguimos un carro para las maletas, subimos en él a la mayor, pusimos los macutos en el carro del bebé y fuimos a por el coche de alquiler. Nos dieron un volkswagen polo, montamos las 2 sillas de coche de las niñas que habíamos pedido al reservar el coche, metimos las maletas al maletero y el carro en el asiento sobrante de atrás y directos a la casa que habíamos alquilado.

Los días que estuvimos allí, los disfrutamos mucho. Nos hizo muy buen tiempo, vimos bastante a mi amiga, que es a lo que habíamos ido, pero también nos dio tiempo a hacer alguna excursión para conocer la isla, ir a la playa, …

La casa en la que nos alojamos estaba muy bien, y era bastante amplia. Lo que nunca llegaremos a comprender es la mirada arquitectónica que usan para construir las casas allí, ya que distribuyen los espacios sin ton ni son. Por ejemplo, en la puerta de nuestro baño, nada más salir, estaba la nevera. O entrabas de la calle al salón directamente, después estaba la cocina y a continuación había un hall recibidor con una butaca y una lámpara. que era a su vez el comienzo de una pasillo que daba a las habitaciones. Todo un poco sin sentido. Pero el patio… el patio era inmenso y maravilloso.

Después de unos estupendos y tranquilos días, llegó la hora de marcharse, y con ella todo el jaleo de las maletas, de nuevo.

La vuelta fue más fácil, a lo mejor porque ya teníamos más experiencia. Llegamos con el coche de alquiler al parking del aeropuerto, cogimos un carro para las maletas, sentamos a la mayor encima y mientras el padre lo llevaba, yo me encargué del carro de la pequeña.

Pasamos el control de equipajes con menos jaleo que a la ida, pues aunque tuvimos que cerrar el carro y pasar todo por el escáner, no tuvimos que sacar los líquidos, aparte de que llevábamos bastantes menos porque las niñas ya se habían comido casi toda su comida (potitos, yogures…).

Nos pusimos en la cola de entrar al avión, y cuando estábamos en el control de embarque nos preguntaron si podíamos facturar aunque fuera una maleta, y vimos la luz: Sí claro, facturen todo. Nos preguntaron si no nos hacía falta ninguna maleta para las niñas, pero llevábamos todo lo necesario en las mochilas pequeñas y en la maleta de mano del bebé, así que facturamos las 3 maletas porque, como volvíamos a casa, ya nos daba igual que se perdieran. Así que subimos al avión bastante más ligeros que a la ida.

En el trayecto, también íbamos más preparados, así que sacamos nuestros sándwiches, el potito de la pequeña que nos calentaron en el avión, y un filete de pollo que habíamos hecho para la mayor justo antes de salir. De postre, yogur y plátano. Un poquito de siesta y voilá… ya estábamos en Madrid.

Bajamos sin prisa, recogimos las maletas y el carro de la cinta de equipajes y salimos a reencontrarnos con esos maravillosos abuelos que estaban allí para ver a sus nietas añoradas, y de paso llevarnos a casa.

Final de trayecto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s