Mi historia

Conocí a mi marido a los 13 años en un grupo scout, nos hicimos amigos íntimos y a los 17 años empezamos a salir. Éramos muy jóvenes, y no sabíamos cuanto duraría lo nuestro, pero teníamos claro que algún día queríamos ser padres.

Yo siempre he querido ser madre pronto, como la mía, para disfrutar mi juventud con mis hij@s y posteriormente mi madurez con mi marido; o todo lo contrario, ser madre tarde para disfrutar de mi juventud con mis amig@s y mi pareja y dedicar mi madurez a mi familia. Por el contrario, mi marido quería ser padre cuando tuviera todo controlado: trabajos estables, coches adecuados, casa preparada…

Por circunstancias de la vida, todo se alineó para que los dos tuviésemos lo que queríamos y empezamos a buscar un bebé en 2013, después de haber vivido mucho, de haber disfrutado mucho de nuestros amig@s y después de haber viajado por diferentes partes del mundo. Pero no todo fue tan fácil como parecía. Tener un bebé no sólo es “ponerse” a ello, a algunas personas les cuesta mucho quedarse en estado,  y nosotros fuimos una de esas personas.

Partimos de la base de que yo soy RH negativo y mi marido es heterocigoto congénito, por lo que fuimos a un hematólogo que lo primero que me dijo es que no podía tener hijos dándose esas circunstancias. Después rectificó y nos dijo que sí, pero que el niño nacería muerto o yo me moriría en el parto por una hemorragia. Sí, esa fue la respuesta que me dió un “especialista” sin ni siquiera pestañear. Sin saber muy bien qué significaba ser heterocigoto, nos fuimos a casa a esperar los resultados de unos análisis previos que nos habíamos realizado. Con dichos resultados volvimos al hematólogo, el cual en esta ocasión nos dijo que no había problema de ningún tipo, a pesar de que mi marido seguía siendo heterocigoto del factor VII y yo RH negativo. Como él nunca había tenido hemorragia, a pesar de haberse hecho heridas que requerían puntos, y los resultados de los análisis habían dado valores normales, podíamos seguir adelante con el tema de quedarnos embarazados con el único añadido que, al ser yo RH negativo, debía ponerme una vacuna en la semana 28 de embarazo aproximadamente, y otra en caso de que el bebé fuera RH positivo, antes de las 72 horas siguientes al parto.

Después de hacernos muchas pruebas, algunas de ellas bastante incomodas y desagradables, nos dijeron que teníamos infertilidad por causa desconocida, es decir, que estaba todo bien pero que no sabían porqué no nos quedábamos embarazados.

Después de más de un año intentando formar familia, el ginecólogo nos remitió a una clínica de fertilidad. El doctor revisó nuestras pruebas y, en vista de que los resultados estaban bien, nos dijo los pasos a seguir. Lo primero: Inseminación (simplemente acercarían el espermatozoide al óvulo). En caso de no quedarnos embarazados con esta primera opción, pasaríamos al segundo paso y me darían fármacos para ovular más y volverían a inseminarme. Y si finalmente no me quedara en cinta, llegaríamos al tercer paso, y me realizarían una in vitro.

Por fín estábamos en el camino correcto, caminando hacia nuestro sueño, formar una familia. Sólo teníamos que esperar a que yo menstruara, y 7 ó 10 días después ir a inseminarnos. Pero nada, hasta para eso teníamos mala suerte, o eso pensábamos en aquel momento. Ni siquiera me bajaba la regla cuando debía. Hasta que un domingo después de la siesta me desperté con un antojo de altramuces. ¿Altramuces? si a mi no me gustan… Pero a pesar de que era domingo y estaba todo cerrado nos fuimos en busca de altramuces y de una farmacia; debíamos comprar una prueba de embarazo.

IMG_20150211_101658-2-2-2Como las pruebas de embarazo son más eficaces si se hacen con la primera orina de la mañana, me esperé al día siguiente para realizarla, y a las 6.:30 de la mañana desperté a mi marido para decirle que iba a ser padre. ¡Al final no estábamos teniendo tanta mala suerte con eso de que no me bajara la regla!. Tuve que llamar al médico que me iba a realizar la inseminación para decirle que ya no era necesaria, que ya estaba embarazada, y no sólo fue muy correcto y amable, sino que se alegró mucho por nosotros.

 

El embarazo no fue fácil y se nos hizo muy largo, pero eso ya lo contaremos en otro momento. En mayo de 2015 nació nuestra princesa, con 4,060 kg y 52 cm. Y a pesar de nuestra “infertilidad por causa desconocida”, 11 meses después de nacer la primera, estamos embarazados e ilusionados esperando de nuevo otra bella princesita.

En esta ocasión, y a pesar de saber ya como es este mundo, tampoco nos está siendo un embarazo de ensueño. En la semana 12 nos realizaron una ecografía donde salía un pliegue nucal de 2.9 cm. Eso significa que está en el límite para poder ser síndrome de Down (hay riesgo a partir de 3 cm), o peor aún, podía tener un higroma quístico. Y ya está, me mandan a casa. ¿No deberían realizarme de nuevo la eco unos días después, para confirmar la situación y no dejarme ir sin más?. Pues no, te dicen esto y ya. Y me fui, llorando, pero no me quedé quieta. Era julio, y como era verano no había personal suficiente y estaba todo lleno, pero llamé y llamé a todos los sitios posibles hasta que me atendieron. Después de 2 semanas infernales, de realizarme otras 2 ecografías (donde el pliegue nucal sale entre 1.9 y 2.1 cm), un cribado, un test prenatal no invasivo, e ir a más de 3 ginecólogos diferentes, parece que todo va bien. La respuesta de los ginecólogos fue que podía haber estado en una postura que no fue óptima al realizar la primera eco, pero que está todo dentro de la normalidad. Pero bueno, ahora sólo queda esperar, ir realizando las pruebas y consultas pertinentes, y para febrero tendremos con nosotros otra linda personita. Pero cómo os imaginareis, si os ponéis en mi situación, hasta que no le vea la cara a mi bebé ya no me voy a quedar tranquila.

Pues todo esto no acaba aquí. Debido a todos estos “contratiempos”, empiezo a llevar el embarazo tanto por lo público cómo por lo privado, cosa que no recomiendo porque aparte de ser bastante aburrido, es un suplicio tener que hacer todas las pruebas  por duplicado.

El caso es que me hago la sobrecarga de glucosa, más conocida cómo la curva de azúcar, y en el privado me sale bien pero la del público me sale alta. Así que decido hacerme la curva larga en el privado, y ésta también me sale correcta. Pero como voy a dar a luz en un hospital público, y es la curva del público la que sale alta, me remiten a una endocrina que me dice que según los valores de aquí de España, no, pero que en EE.UU tengo diabetes gestacional, y como ella se rige por los valores de allí, me tiene que tratar como si fuera diabética. A pesar de no sólo no haber engordado con el embarazo, sino que dependiendo del mes hasta adelgazaba, me pone una dieta, que me es imposible seguir porque no puedo comer tanta cantidad de cosas al día. Además me manda la máquina para que me controle el azúcar pinchándome 3 veces al día, y cuyos valores sólo me dieron altos una vez. Y no conforme con eso, me manda otra sobrecarga de azúcar para 8 meses después de dar a luz, la cual hasta el propio ginecólogo me dice que no me haga puesto que los análisis de la revisión posterior al parto están bien.

Con todo y con eso, un sábado de finales de enero de 2017, nace mi segunda princesa, con 3,250 kg y 49 cm, y aparte de ser preciosa y perfecta, está sana.

Empezamos caminando los dos solos, pero ahora somos 4 recorriendo el camino.

Quería compartir esta historia con todas esas personas que creen que quedarse embarazada es tan fácil como “ponerse a ello”, que vean que a veces, aunque quieras algo con todas tus fuerzas, no es tan sencillo. Y eso que al final a nosotros nos ha ido bien, pero hay muchas otras familias que no han tenido tanta suerte. También para aquellas otras personas que están teniendo un embarazo complicado, que vean que no están solas. Incluso para aquellas que tienen un embarazo normal, bueno, sin complicaciones, y aún así están preocupadas, simplemente decirles que lo vivan y los disfruten todo lo que puedan porque el embarazo va a ser cómo tenga que ser, y lo único que nosotras podemos hacer al respecto es cuidarnos lo que comemos, no beber alcohol, no drogarnos, no fumar… pero nada más, el resto ya está predestinado y lo que tenga que ser, será.

Gracias por leer mi historia.

 

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